En su núcleo hay una energía filosófica (sin ponerse la bata de laboratorio): nihilismo, absurdo, tensión existencial y una crítica que se estrella contra “lo sagrado” cuando lo sagrado empieza a parecer costumbre. No es pose: es un método de lectura del mundo. Y en ese método, la forma importa: la escritura rompe el cartabón del verso cómodo y deja que el lenguaje haga lo suyo: incomodar con elegancia.
Lo más fino de Defecto es que no “maquilla” la realidad con poesía decorativa: usa la poesía como herramienta de precisión. El resultado es un clima mental sostenido —angustia, lucidez, humor negro en dosis exactas— donde el lector no es espectador, sino cómplice: participa, completa, se contradice, vuelve.
Hay una cualidad muy contemporánea en su estructura: el libro no se comporta como una historia lineal, sino como un conjunto de golpes de sentido. Por eso funciona mejor a ritmo humano (no a ritmo de “me lo acabo hoy”): leerlo por fragmentos, dejar que asiente, regresar. Defecto no pide devoción; pide atención.
Citas y referencias (sutiles): Lecturas/ensayos sobre Defecto en Beyond Dimensions Revista · Comentarios y reacciones de lectores en alibenitez.com · Crónica/nota en El Despertador .
En resumen: Defecto es un libro que no te acompaña; te interroga. Y en tiempos donde la literatura a veces quiere ser “contenido”, esta obra se atreve a ser experiencia: una lectura que te deja pensando —no por misterio barato, sino por densidad real.
